Como una ruta

Posted: jueves, 27 de marzo de 2008 by Hari_Seldon in Etiquetas:
0


Si nos paramos a pensar un momento sobre nuestra vida, en definitiva, es como una ruta que recorremos en busca de la meta.¿Cual es la meta? La felicidad.Cada uno considerará la felicidad de una forma distinta, tiene muchas caras, y cada cual la asume o la imagina de una forma particular y única. Algunos le dan más importancia al amor, otros al dinero, otros al éxito y reconocimiento social...eso sí, lo importante esque lo que consideran felicidad les llene plenamente, no lo realicen simplemente porque es lo socialmente aceptado, ya que es un sentimiento trancendentemente personal. Casa uno debemos tener nuestra definición de felicidad, y cada uno elegimos un camino para llegar a ella.Y como debemos elegir, nos asemejamos a buscadores, buscadores que no necesariamente encuentran.Para mí la felicidad está en los pequeños instantes, en los pequeños momentos. Nunca habrá una felicidad plena y continuada, esta vida es tan compleja y dispar que siempre existirá algo que nos incomode, algo que podamos mejorar, algo más que añoremos.Quizás el único instante en que seamos completamente conscientes de nuestra felicidad sea cuando nos encontramos al final de la vida y hacemos repaso de lo vivido, entonces nos daremos realmente cuenta de qué hemos hecho, si hemos sido felices mucho tiempo o si por el contrario nuestra vida ha sido sólo un gris camino polvoriento.
Todo esto me recuerda un cuento que viene muy al caso, y que paso a relatar a continuación:Esto era un viajero, que iba camino de una ciudad que nunca antes había visitado. Justo antes de llegar, vió un gran prado verde, le llamó mucho la atención, y no pudo reprimir el impulso de acercarse. Se metió dentro y paseó por aquel magnífico paisaje. Por el suelo habían piedras blancas distribuidas al azar. Entonces descubrió sobre una de las piedras una inscripción, en la cual se podía leer el nombre de una persona y además una leyenda que decía: "vivió 8 años, 3 meses y 24 días". Entonces se dió cuenta de que aquello no era una simple piedra, era una lápida, así como también lo eran el resto de piedras que se desperdigaban por aquel prado. Fué leyendo las inscripciones del resto de lápidas y todas tenían un nombre escrito y después una leyenda que decía el tiempo exacto de vida que tuvo el fallecido: "vivió 5 años 6 meses y 2 días" o "vivió 9 años 2 meses y 15 días". El viajero se sintió profundamente apenado, aquello era un cementerio de niños, y la máxima edad que acertó a leer no alcanzaba más de 11 años. Con un gran dolor el viajero se sentó en el suelo y comenzó a llorar. Entonces el cuidador del cementerio que estaba por allí cerca, lo vió, y se acercó. El cuidador le preguntó si estaba llorando por algún familiar. "No" dijo el buscador, "ningún familiar, pero, ¿qué ocurre en este pueblo que mueren tantos niños? ¿qué cosas pasan aquí para que este cementerio esté lleno de pequeños inocentes?". El cuidador sonrió y le contestó: "Tranquilicese usted, aquí no ocurre nada raro, lo que pasa esque aquí tenemos una vieja costumbre: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, y es tradición entre nosotros que a partir de ese momento, cada vez que se disfruta intensamente de algo, abre su libreta y anota a la izquierda qué fué lo disfrutado y a la derecha cuánto tiempo duró el gozo; conoció a su novia y se enamoró de ella, ¿cuánto tiempo duró esa pasión enorme? ¿1 semana? ¿2?, ¿y después?...la emoción del primer beso, ¿cuánto duró? ¿1 minuto? ¿3?, ¿y el embarazo y nacimiento de su primer hijo?, ¿y aquel reencuentro con ese hermano que vive en el extranjero?, ¿y aquel viaje tan deseado?, ¿cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?, ¿horas?, ¿semanas?, ¿años? Así vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos intensamente, cada momento. Cuando alguien se muere es nuestra costumbre coger su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, y escribirlo sobre su tumba, porque ese es para nosotros el único y verdadero tiempo vivido".
Me parece que precisamente eso es la felicidad, esos momentos que vivimos intensamente y que recordamos por el resto de nuestros días, y que finalmente nos damos cuenta de ellos cuando nuestro camino de la vida toca a su fin.
Sin lugar a dudas, este texto no hubiera sido posible sin la inspiración que producen los cuentos de Jorge Bucay, os lo recomiendo a todos, se aprende mucho con ellos.

0 comentarios: