El Purgatorio

Posted: jueves, 10 de diciembre de 2009 by Hari_Seldon in Etiquetas:
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Era un poco extraño, ya que la meta les era desconocida, pero sabían que iban por buen camino

Sus botas se enganchaban en la mezcla de nieve y barro que formaba el suelo, era complicado avanzar.
Llevaban como acompañante a un gato, un gato negro.
El gato no tenía nombre, y había llegado a ellos un par de días antes mientras atravesaban las planecies de Catalen, parecía bien alimentado caminaba a su lado bastante resuelto, tranquilo, sosegado, como obediente.

La tarde moría y el rojo cielo anunciaba el paso a la oscuridad, debían encontrar ya un buen lugar para pasar la noche.
De repente el gato empezó a comportarse de forma extraña. Daba vueltas sobre sí mismo, corría exageradamente rápido para luego detenerse en seco, saltaba, era como si algo pasara o estuviera a punto de suceder
El gato empezó a engancharse a las piernas de los caminantes, éstos, extrañados, lo apartaban e intentando darle una explicación lógica a aquel comportamiento esgrimieron que el gato estaba en celo.

El gato no dejó de comportarse de aquel modo hasta que llegaron a una especie de recoveco que formaba la montaña en su ladera, allí, de repente, el gato se paró en seco y dejó de comportarse de aquel modo. Los caminantes se miraron entre sí.
Avanzaron unos metros y vieron una especie de campamento montado, y una hoguera que soltaba un negro humo. Unos hombres salieron a su encuentro de forma cordial.

-"Venid hacia aquí, sois bienvenidos, os estábamos esperando para redimir vuestros tormentos"
Estupefactos, los caminantes accedieron y no sin algunas reservas, se alojaron en una pequeña tienda que había montada justo al lado de una gran roca que parecía resquebrajarse del resto de la montaña. Los dejaron solos en la tienda, cuando al rato entró una especie de sacerdote tribal que sin más presentación que esta, les dijo:

-"Yo sanaré a vuestro gato, no os preocupeis por nada"
Ni las explicaciones de los caminantes, ni su negativa a seguir formando parte de aquella broma (como ellos la consideraban) pararon al sacerdote que cogió por las patas delanteras al gato y lo azuzó de manera violenta en el aire mientras pronunciaba en bajo unas palabras en una lengua que ellos no conocían.
Luego, dejó al gato en el suelo, que tambaleándose se acurrucó en una esquina y cerró los ojos.
Al instante volvió a abrirlos, pero ahora habitaba en ellos una extraña mirada, como de inteligencia.
De repente el gato se puso en pie y se dirigio hacia donde estaban los caminantes, más no se paró y fue detrás de ellos, dónde de la nada, apareció un telefono antiguo, del mismo color negro que el propio gato. Y con una de sus pequeñas patas, el gato agarró un extremo del teléfono y lo acercó a su oreja derecha, entonces abrió la boca y con una voz semejante a la de un niño de unos 6 años, dijo:
-"Papá, estoy bien"

Los caminantes pensaban que eso no podía estar sucediendo, que eso era un sueño o una pesadilla, pero que no era real.

A todo esto, la escena era contemplada por el sacerdote con una maligna sonrisa en su cara y unos ojos que denotaban locura.

El sacerdote salió de la estancia ante el asombro de los caminantes, que en ese momento dirigieron sus ojos al gato. Éste les devolvió la mirada con una gran dignidad, pero de lo que no se dió cuenta el propio gato, fue de aquello por lo que ambos caminantes cambiaron su expresión de asombro a terror.
De repente los ojos del gato se empezaron a colorear de un rojo añejo, a la par que el negro pelaje que cubría su cabeza y la parte más delantera de su cuerpo también se tornaba de ese color del vino de las buenas añadas.

-"¿Qué pasa? ¿Qué pasa?"- Dijo el gato

-"Te...te estás volviendo rojo"- Dijo uno de los caminantes.

Horrorizado, el gato empezó a gritar y gemir con todas sus fuerzas, y a medida que pasaba el tiempo se volvía más y más rojo su cuerpo hasta casi envolverlo por completo.

Entonces, los caminantes notaron algo, era como si salud les fallara, como si se marchitara y se alejara. Empezaban a tener dificultades para respirar, y uno de ellos se arrodilló en el suelo y con sus manos tocó un suelo que hasta entonces no había percibido, estaba lleno de sal, sal común.
No entendían nada, pero cada vez les costaba más respirar y sus dolores iban en aumento, por su parte el gato cada vez se iba poniendo más rojo.

-"Una hemorragia interna!!"-Dijo entre insufribles dolores uno de los dos caminantes.
E instintivamente otro de ellos exclamó dirigiendose al gato:
-"Cómete la sal!! Cómetela!!"

Y le tendió una mano repleta de sal que había cogido del suelo. El gato se acercó a su mano y empezó a ingerir la sal.
Poco a poco el color rojo de su cuerpo y sus ojos se fue desvaneciendo a la vez que recobraba su color original. Y así, al mismo instante, los caminantes notaron como podían respirar con más normalidad y empezaban a encontrarse mejor.

-"No lo entiendo"-

El gato y los caminantes se miraron entre sí sin entender nada, entonces, de nuevo el gato empezó a teñirse de rojo poco a poco.

-"Cómete la sal!!-

Y así permanecieron durante toda la eternidad.

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