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Hablaba y hablaba - Max Aub

Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro. FIN
Max Aub (1903-1972)
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Dublineses - James Joyce

Poco más se puede añadir sobre la figura de James Joyce y de su obra que ya no se haya dicho. Este autor nacido a finales del siglo XIX y encumbrado al olimpo de los escritores, escribió desde su exilio voluntario perpetuo, las más vívidas y críticas páginas sobre su Irlanda natal. James Joyce es conocido sobre todo por una obra cumbre en la literatura universal: Ulises. Pero en este caso, voy a hacer una pequeña reseña de otra de las obras fundamentales de su bibliografía: Dublineses.
Lejos de la complejidad y de la experimentación literaria que caracterizan a Ulises, en Dublineses nos encontramos con un libro sencillo de leer, accesible y con una prosa sencilla y mesurada. Es por ello, un excelente libro para acercarse por primera vez a la obra de Joyce. Dublineses (Dubliners) está formado por 15 relatos cortos centrados en la ciudad de Dublín, la cual constituye el único nexo que une a las diferentes historias narradas. Estos relatos fueron publicados de forma separada por Joyce a lo…

El reencuentro

Agustín llegaba tarde a su cita. Eran más de las cinco y media de la tarde y el autobús en el que viajaba había acumulado un considerable retraso, cuando se apeó y se dirigió por la calle más próxima. Quería haber llegado el día anterior, así lo había planeado ya que era muy importante, pero las conexiones en D.F eran complicadas y finalmente tuvo que hacer noche en un hotel de la capital. «Luisito y su retiro», pensó Agustín mientras recorría el camino cuesta arriba. «Mira que venir a vivir a este pueblo en medio de la nada. Pero claro, siempre fue muy suyo, y siempre hacía lo contrario de lo que le decían: que si por ahí tirando barra, que lo que tenías que hacer es buscar un oficio… y al final resultó que él era el que tenía razón». Agustín conocía el pueblo. Ya había visitado a Luis varias veces en su casa. Aunque hacía varios años que no había podido volver. Recordaba las calurosas tardes a la sombra, el sabor de las comidas preparadas por Elisa y el sonido de la guitarra acompañad…